El calendario que viene

Si quieren confirmar la regla puede que yo sea la excepción, pero me importa un bledo la fecha en que jugarán el Madrid y el Barça o en qué campo la primera vuelta del campeonato y la segunda.

El calendario de liga no está manipulado, solo que hay cinco que no empiezan por sorteo puro porque, debido a obras en sus estadios, solicitan y obtienen empezar fuera. Ni siquiera ha acertado Javier Tebas que, en uno de sus lapsus como el de anticipar la venta del Mallorca dos meses antes de producirse, aventuró que «el clásico» se jugaría en noviembre y no, lo hará el 27 de octubre. ¡Uy, por qué poquito!.

El Mallorca si que arrancará en Son Moix, contra el Eibar. La verdad que, contrariamente a la expectación virtual despertada, da lo mismo que si hubiera sido ante cualquier otro visitante. Yo que sé, el Leganés o el Valladolid. A mi eso del misterio de la primera jornada me parece igual que ir a un concierto, no sé, de Elton John y pensar qué canción interpretará en primer lugar. Si total van a caer todas, hasta la del funeral de la princesa Diana.

Cuando Héctor Cúper llegó a Palma y en las primeras jornadas le tocó enfrentarse a merengues y culés consecutivamente, el doctor Beltrán, a la sazón presente, le dijo que no se preocupara porque aquellos partidos no eran de «su liga». El argentino, siempre pragmático, preguntó si es que aquellos puntos no se contabilizaban como los demás. Si al final juegan todos contra todos.

En fin, el acto celebrado en el salón Luis Aragonés de la Federación Española de Fútbol, al que no faltó el presidente de la Balear, Miquel Bestard, sin cuya presencia el sorteo no hubiera sido posible, me pareció farragoso y caduco. Elaborar 100.000 calendarios posibles para sortear bola a bola el agraciado como si se tratara de la lotería de Navidad me parece un trabajo excesivo e inútil. Con lo fácil que era aquello de extracción a extracción y bolitas calientes.

Bueno pues, a quien dios se la dé, san pedro se la bendiga. En minúsculas y sin nombrar a nadie en vano.