Rota la baraja y algo más

Si las cifras que baraja el diario británico The Sun se confirman, el fichaje de Kane por el Manchester City no solamente rompe la baraja, sino que supone la definitiva pérdida del control, aunque del poder de quien lo ostenta.

Estamos hablando de 196 millones de euros más un salario próximo a los dos millones mensuales para un futbolista que, sin discutir ninguna de sus cualidades, no es Messi, ni Cristiano, ni siquiera Neymar, aunque dudaría más en el caso de Mbape, de quien admiro sobre todo su rapidez y su juventud, pero no demasiadas virtudes más. Por un tío que falla un penalti yo no pagaría ni la mitad y lo siento por todos los que, a  continuación, me dirán que solo yerra quien lo tira y eso le puede pasar a cualquiera. Pues no, a un tío, o los que sean, que cobra esto no le puede pasar. Me sabe mal.

Hace tiempo que insisto en que el fútbol seguirá cavando su fosa en tanto en cuanto no regule de una vez por todas el mercado de futbolistas. Hay árabes, rusos, americanos, chinos o cualesquiera de estos y algunos otros, que pueden sostener estas cifras, pero el fútbol no; ni como deporte, ni como negocio. Porque, desengáñense, aqui no mandan los tramposos de la Superliga, ni las federaciones, ligas profesionales, sindicatos de futbolistas, asociaciones, confederaciones continentales (Uefa, Conmebol, etc) ni la propia FIFA que lleva años intentando prohibir sin éxito la invasión de los fondos de inversión en los accionariados de los clubs, la excesiva contratación de futbolistas de cara a las operaciones de cesión y siempre sin ningún éxito. De ahí que se entretengan en pijadas como el momento de levantar el banderín para señalar un fuera de juego. Aquí quienes mandan de verdad son lo que entonces llamábamos intermediarios, ahora agentes, si de esos que antes había cuatro (Dale, París, Guijarro y poco más) y ahora conocemos a Mendes, Ramadani o Rahiola, pero les siguen tantos como setas crecen en los bosques cada otoño. Entre ellos mucho advenedizo cuando no oportunista y aprovechado, pero esa es otra historia y ya se la contaremos otro día.