Un hombre honrado

Odio los panegíricos. Sé que sirven de consuelo a los más allegados del difunto, pero duele escribirlos para un amigo o para los amigos del amigo. Desprecio sobre todo aquellos que loan la figura del finado precisamente porque ha muerto o, también, los que ensalzan a quienes han pasado a mejor vida después de haber hecho peor la de los demás.

No es pena, sino desolación al conocer la muerte de Eusebio Pascual Segura, con quien siempre me unió ese tipo de amistad que no exige el contacto. Siempre supimos donde estaba cada uno. Y no es que dijera que nunca la ascendieron a primera división por ser bajito, es un hecho contrastado porque ese y no otro fue el motivo por el que jamás pasó de Segunda. Bueno si, hubo otro: su alejamiento de los órganos directivos de su Colegio, tanto a nivel de Madrid como de la sede entonces ubicada en la calle Lluis Martí de Palma. Era enano y pelirrojo, si. Dos detalles que no gustaban en los despachos, salvo el de Simó Fiol, a quien siempre respetó pese a que cediera a las lisonjas de Borrás del Barrio, Riera Morro o, más tarde, Doménech Riera. Los tres, qué curioso, si llegaron a pitar en Primera, con no mucho éxito, todo hay que decirlo.

Nunca se la cayó ningún anillo cuando muchos lunes, puntualmente a las ocho de la tarde, venía a entrenar arbitrando los partidos del equipo de fútbol de Ultima Hora, periódico al que dediqué veinte años de mi vida profesional, con Martín Mora, Juan Amador, Juan Miguel Giménez, Carlos Alonso «el tupamaro», Joaquín Molina, «Nan» Espina, Miguel Soler, Ricard Pla, Felio Morey, Mateo Palmer, Bob Rubio, Toni Sastre y otros muchos. Nos gustaba que viniera a pitar.

Omito anécdotas, como la de devolver un sobre con dinero en el asiento de su taxi en vísperas de un Calvo Sotelo-Barça Atlético, porque eso no hace sino definir quién y qué fué Eusebio Pascual Segura: sensillamente, un hombre honrado.

P.D.: Permítanme las referencias de personas que muchos de ustedes no conocerán. Hoy he escrito para mi mismo.