Una buena y una mala

La buena noticia es que el Mallorca no sigue en la Copa ya que sus competidores más directos, Espanyol y Almería, han superado sendas eliminatorias que les supondrán un mayor desgaste físico durante el mes en curso, además de hipotéticas repercusiones en el estado de sus enfermerías. Olvídense los nostálgicos por aquello de que el título del 2003 es el único que adorna las vitrinas de Son Moix, Supercopa aparte. Aquello era otra competición que nada tiene que ver con la fórmula ni las circunstancias presentes.

La mala noticia es que un futbolista, Miquel Parera, tenga que recurrir a las redes sociales para expresar su malestar por su situación en el club y pedir públicamente su salida. Nada sorprendente en un club que ha hecho bandera de su falta de transparencia, si bien el portero de Manacor ha elegido un mal momento para «tuitear» después del error, humano, cometido en el «Fernando Torres» de Fuenlabrada.

Cabe recordar que el club que preside Andy Kohlberg no ha sido precisamente modélico en el trato a sus trabajadores, futbolistas o no. Recordemos los ERES encubiertos de la etapa de Maheta Molango en la que se inscribe precisamente la afrenta sufrida por el joven cancerbero mallorquín con el fichaje de Fabrizio, uno más en la larga relación de operaciones que pretendían reconducir la actividad propia de un club de fútbol, en un mercadillo más o menos oportunista de jugadores. Aquí está todavía Alex Alegría como recuerdo permanente, sin dejar de lado las polémicas y nada edificantes negociaciones con Vicente Moreno, Budimir, Sastre, Febas y alguno más.

Un guardameta de 21 años, los que tenía cuando subió al primer equipo, necesita portería y no banquillo. Son tres años los que lleva sentado sin más palos que los de los marcos de Son Bibiloni y pocos más. Puede que su representación resulte inoportuna, pero no por ello más justa. A orillas del Cami dels Reis no solamente falta a veces un poco de consideración, sino también sentido común.