Dioses caídos

Si, puedo estar de acuerdo en que con el mal de otros solamente se consuelan los tontos, de lo cual se deduce que hay muchos imbéciles. Habrá quien se alegre de la derrota de Brasil en cuartos de final del Mundial en vigor, a pies de Croacia y en los penaltis, porque dirán que los cariocas, tan buenos, famosos y millonarios, fallan tanto como los lanzadores de España. En parte tendrán razón porque la caída de la Canarinha guarda paralelismos con la española y la de Alemania.

Verdaderamente no es lo mismo que te venzan los croatas que los japoneses, sin embargo la proporción de la presunta superioridad de una escuadra respecto a otras es mayor tratándose de la multicampeona brasileira y no hablemos de la abismal diferencia de país tanto en territorio como en número de habitantes y, como consecuencia, de futbolistas y licencias.

El conjunto germano pecó de prepotencia al menospreciar a Japón después de llegar al descanso con ventaja y los niños de Luis Enrique cometieron el mismo pecado de orgullo por el que los nipones primero y Marruecos después les sacaron billete de vuelta. Los de «Tite» confundieron el sambódromo de Rio con un estadio catarí y tuvieron que dejar sus bailes para una ocasión mejor.

Luis Aragonés, si aquel que devolvió carácter y genero ilusión en torno a la Selección Española, decía que «el fútbol es de pícaros». Le faltó añadir que también es de humildes.