Fe, esperanza y caridad
De momento el comunicado emitido por Moviment Mallorquinista ha precipitado el anuncio de festejos para conmemorar anticipadamente el 110 aniversario de la historia del club. El presidente Kohlberg se tomará la molestia de recibir el próximo día 22 de enero a aquellos abonados que acrediten carnés de más de 50 años de antigüedad y obsequiarles con un nuevo logo y un diploma acreditativo o algo así. Después repetirá con los más antiguos de 25 años. Pasemos por alto las llamadas recibidas por algunos de ellos para certificar de palabra y via telefónica su dilatada adhesión.
También se organiza un acto central en torno a una gran fiesta a celebrar en el propio estadio con motivo de la visita de la Real Sociedad. No suelo ser supersticioso, pero nunca he sido partidario de festejos con la competición en marcha porque, poco o mucho, contribuyen a distraer a jugadores y técnicos de su necesaria concentración. De otro lado y pese a mi proverbial escepticismo, confío en que puestos a reconocer la historia no sean ignorados aquellos que salvaron los muebles y algo más de la entidad que sobrevive a día de hoy que ha permitido a sus actuales propietarios plantear como uno de sus negocios. La efemérides del centenario desgarró demasiados corazones.
Particularmente creo que dueños, ejecutivos y asesores bien intencionados o no tanto prosiguen sin entender nada de nada. No habría tarta de cumpleaños más agradecida por el mallorquinismo que sea cual sea el capital destinado a festejos y fotos oficiales con autoridades y famosos seleccionados se invirtiera en buenos fichajes en el presente mercado de invierno. Una apuesta seria y convincente generadora de fe y esperanza porque la tercera virtud teologal, la caridad, empieza por uno mismo si es bien entendida, según indica el modismo.