Cuando la liga se para

Los cuatro internacionales del Mallorca, -Muriqi, Mojica, Bergstrom y Virgili- no se benefician de ninguna rotación, al contrario juegan dos partidos en cuatro o cinco días con sus respectivas selecciones y regresan 72 o 48 horas antes de ser alineados con sus respectivos equipos. Un evidente abuso de la FIFA al que los amedrentados clubs no osan oponerse. Resulta de lo más entretenido detenerse a leer sus actuaciones porque, a falta de motivos para celebrar las que ejecutan en la liga, celebramos los goles que marcan en otros campos y competiciones ajenas. «Aplaudimos hasta los corners» exclamaba un aficionado en las gradas de Son Moix. Cualquier cosa antes de ponernos ante el televisor, «smart» o lo que sea, para ver los apasionantes España-Georgia y España-Bulgaria con la no menos ilusionante narración de Juan Carlos Rivero.

Mando en mano para zapear en busca de un mundial de motos, de F 1, algún World Padel Tour, una carrera ciclista o un «open» de Tenis aunque no sea «master». Eso me recuerda, al hilo de las dichosas rotaciones, que los ases y menos estrellas del pedal se tiran 200 kilómetros cada día sin quejarse, como los tenistas partidas de tres a cinco horas día si, día no. Al igual que los futbolistas de verdad, esos de clubs y equipos de pueblo que se juegan la cabeza y las piernas sin ver un euro y se mueren por jugar un día, un solo día, ante sus millonarios de primera división. ¿Verdad Sant Jordi?.

Mateu Alemany, el ejecutivo que no ha dejado de estar de moda desde que abandonó el Mallorca para siempre, no entiende de clubs modestos. Más que aspiraciones, alimenta ambiciones. Para eso se ha preparado durante cada uno de sus periodos silenciosos. Sin embargo, «después del éxito no hay nada», como le dijo en cierta ocasión el gran Santiago Amón al no menos grandioso José María García.

De algo hay que vivir cuando se para la liga

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