Haberlo dicho antes

Yo lo llamo oportunismo. Es demasiado fácil criticar ahora a Luis Enrique, que no digo que no se lo merezca pero haberlo hecho al principio. Muchos de los que ahora reniegan del seleccionador y de alguno de sus jugadores hicieron favorita a España después de la goleada a Costa Rica y por lo que respecta a la lista de seleccionados, cuando un equipo pierde siempre nos acordamos de los que no están.

Todo esto es verdad, sin embargo es preciso romper una lanza a favor de aquellos que expresaron su desacuerdo desde el anuncio de los convocados y sus reticencias respecto a victorias obtenidas frente a rivales menores, aunque luego ni contra Japón o el mismísimo Marruecos. Gavi, Pedri, Balde, Ansu Fati, Nico Williams y Yeremi Pino, que no jugó ni un minuto, son demasiados chicos menores de 21 años para plantarse con todos ellos en un Mundial, pero esto hay que decirlo antes. Y no vale decir que los tres que fallaron los penaltis eran, si no veteranos, talluditos.

En este monumental fracaso, que lo es, tiene una gran responsabilidad la Federación Española, desde su director deportivo, Molina, hasta el presidente Luis Rubiales. Los vaivenes en el banquillo que empezaron con el «affaire» Lopetegui y continuaron después con la entreda, lógica salida y la indecorosa decisión de su regreso, debilitaron la figura de un personaje de por si egocéntrico y orgulloso al que se le permitió convertirse en protagonista de las redes sociales en lugar de mantenerle exclusivamente centrado en su trabajo. Pero ahora, insisto, es oportunista cortar la leña con el árbol en tierra, además de poco elegante y honesto.

Loa a quienes lo vieron venir y se mantuvieron firmes incluso después del 7 a 0. Vinagre para los listos de turno que nunca faltan a su cita cuando las cartas ya están sobre la mesa.