Mucho truco y poco trato
Para empezar he de confesar que no sé qué clase de bruja o demonio es este o eso de Halloween ni me importa un pimiento. De ser por mi las tiendas de disfraces o hiper y supermercados se podrían meter la calabaza por dónde les quepa. Me declaro feligrés de la Festa de Tots el Sants y ferviente admirador del rosaris de panallets amb patena de carabassat.
Pero no lo habíamos visto todo. No era de esperar que el americano impasible, Andy Kohlberg, se molestara en informarse de cuáles son nuestras costumbres y mucho menos que lo hicieran sus jenízaros, Alfonso Díaz y Pablo Ortells, pese a conservar algún mallorquín, pocos, a sus órdenes. Supongo que lo próximo será celebrar el 4 de julio y que en Son Moix suene «La bandera tachonada de estrellas» en lugar de «sempre amunt, cap amunt el Mallorca esta amb tu».
Habrán tirado por lo fácil, no cabía esperar otra cosa después de montar un restaurante de hamburguesas y perros calientes en lugar de despachar ensaimades, arroç brut i porçella, que para eso ya están las peñas. Sin embargo van sobrados de imaginación. Para abrir un túnel del terror de 70 metros de largo bastaba con construir una caja en torno al terreno de juego y que empiece el partido. El CEO y el director de fútbol por si mismos causan más miedo que cualquier hechicera con escoba, aunque salen un poco más caros.
En serio, si para desviar la atención de la salida de posiciones de play off y la planificación del equipo con ocho cedidos y otros tantos futbolistas de vuelta no se les ocurre otra cosa, mejor recuperar las «majorettes» de Claassen o el desfile de la Banda Municipal. El truco ya no se lo traga nadie y lo más prudente es renunciar al trato.
