Del tango a la milonga
Si entendemos que la oferta que el Leipzig le ha hecho llegar a Demichelis resulta irrechazable, aceptamos en su propia definición la respuesta. Dinero aparte, tal vez lo más importante en el mundo en que nos desenvolvemos, la diferencia de categoría y proyecto explican la decisión del argentino, aunque no las formas.
«Reconstrucción, compromiso e ilusión» son las palabras mágicas que utilizó para justificar una doble medida más difícil de justificar que su actual dimisión: la renovación que le pusieron sobre la mesa pese al fracaso de su objetivo y sus peculiares antecedentes, más, de la otra parte, haberla firmado como continuación a la singularidad de admitir un contrato inicial de tres meses al que se negaron otros aspirantes a alguno de los cuales Pablo Ortells tendrá que recurrir ahora. De ahí la sencilla conclusión de que ni el club sabía a quién fichaba, ni el contratado conocía dónde se metía.
Pero volvamos a las maneras. La presunta reconstrucción lleva diez años sin una sola piedra. Hay quien la llamaba refundación, como si el Mallorca no hubiera superado sus ciento diez años de supervivencia. La ilusión se perdió hace tiempo a base de despreciar las raíces y la esencia del mallorquinismo. Y en el compromiso reside, solamente ahí, la gran mentira. No es que la palabra cada vez valga menos, sino que no tiene ningún valor en la sociedad y no me hagan citar ejemplos prácticos y vigentes del desprecio de lo que antaño hacía innecesaria una firma cuando en ninguna esfera política, social y, por supuesto, deportiva, no se respetan ni las rúbricas.
El silencio de ofensores y ofendidos apunta a la mesa de negociación. Da lo mismo quién, cómo y en qué momento la forzó. Demichelis habrá pasado a la historia como alguien que puso pasar sin pena ni gloria y lo hará con más pena que gloria. Nada muy diferente de la gestión que padece el club que tampoco puede presumir de reforma, esperanza y, mucho menos, compromiso. Ya saben, quien esté limpio de culpa………..que coja la pasta y corra.