Reconciliación

Más que como un estado de ánimo, como aseguraba Jorge Valdano, el fútbol es una ilusión y también atrae como un imán. No me refiero al fútbol Walt Disney referido por Renato Paiva, ni al rosa definido por Javier Irureta sino al de verdad, al de tierra, aquel que, aun a sabiendas del negocio que se ha montado en su entorno, despierta ese sentimiento de pertenencia que sirve de cobertura a sus mafias.

No sé, al menos yo no lo sé, si en algún momento Nico Williams o su representante se han sentido engañados por el Barça y sus directivos o ejecutivos, tampoco si no se han fiado de que pudieran inscribirle, le ofrecían menos dinero del que le habían prometido, él mismo pedía más que eso o cualquier otra circunstancia de esas de las que solamente aciertas si piensas mal. Prefiero apelar al lado más romántico y creer que el corazón ha pesado más que el dinero, cabeza aparte, al tomar la decisión de quedarse en casa.

Decirle a Jan Laporta y sus colaboradores que no todo se compra con monedas o billetes, que da igual que el club que te pretende sea campeón de liga, de Copa y casi de Europa, que en el fútbol como en la vida hay cosas más importantes que forrarse y, por el contrario, todavía existe el amor a unos colores, el respeto a un escudo, el orgullo de una camiseta y el cariño a una afición, poder gritar todo eso a los «florentinos», «kelaifis», etc, etc te reconcilia con ese fútbol de nuestra infancia. Y da igual que sea verdad o no.

Puede que el espíritu del Athletic al que me apunté a muy temprana edad porque mis once hermanos mayores ya habían elegido equipo y era de los pocos que quedaban libres entre los dieciséis de primera división, no haya muerto. Si es así, todavía hay esperanza.