Solo queda rezar

Hay demasiadas conexiones entre la gestión económica y deportiva del Mallorca con su precaria clasificación tan próxima al descenso. Nada es casual. Si confeccionas una plantilla justita para competir en primera división con la mitad de sus jugadores que serían suplentes en Segunda te va a pasar lo mismo que si vas a la pescadería a por langosta de 80 euros el kilo con veinte en el bolsillo y la tarjeta de crédito caducada.

Otro nexo une la labor de Arrasate con la de Demichelis. El entrenador del mes no ha conseguido mejorar a la peor defensa del año durante los ya casi tres meses que lleva al frente del equipo. Jagoba tampoco lo hizo con más tiempo para intentarlo. Colijamos que si ambos han fracasado en el intento, tal vez la culpa no es suya, sino un defecto de fábrica y la escasa visión de quien adquirió el material.

El jefe de la cosa audiovisual del club podría recoger en un vídeo todos los goles de chiste que han encajado Leo Román, presente en una prelista inútil de cara al Mundial basada en el recuerdo de la promesa que fue,  y sus guardianes, es un decir. Sería el éxito cómico del año, digno del influencer más avezado. Pero tampoco nada sorprendente si el titular de la portería era el suplente designado por Jagoba y el dinero obtenido por el traspaso de Rajkovic y Greif ni siquiera ha bastado para nivelar las cuentas. Ya de los laterales, les lesiones de Raíllo y las vacaciones de Kumbulla si acaso hablaremos dentro de diez días.

El curso de aprendizaje al que Martín, el entrenador, ha impartido a Jan Virgili solamente ha servido para empeorar sus prestaciones. Otros como Darder o Pablo Torre han pasado el exámen, pero esto no va de emular las enseñanzas educativas de Toni Nadal, sino de ganar, ganar y solo ganar. Es a lo que vino el argentino, según él mismo ha confesado, cuyas espectativas se han visto rebajadas de un plumazo. Mejor rezar, rezar y rezar.

No echamos de menos sus ruedas de prensa, nos gustan tan poco como a él a tenor de la simpleza de las preguntas y la evidencia de las respuestas. En todo caso no sobraría algo de autocrítica personal en lugar de un relato repetitivo de lo que todos ya hemos visto sobre el terreno de juego. El partido de Getafe no es lo único digno de acabar en el cubo de la basura dentro del club.

Quienes creemos en milagros más que en prodigios sostendremos esa fe sin argumentos hasta las nueve de la noche del próximo domingo, pero hemos perdido la confianza si bien mantenemos la esperanza de que no hay mal que por bien no venga o cuando el señor cierra una puerta, abre una ventana. Siempre que no se refieran a Mr.Kohlberg.