El púbico mallorquín es generalmente frío. Arrancarle un aplauso en el transcurso de cualquier manifestación pública o un espectáculo es tarea árdua, a menudo imposible. Pero no todo obedece a ese carácter individualista y taimado, amigo de rebuscar pajas en ojo ajeno antes que reconocer vigas en el propio. A la gente hay que ganársela.