A Sevilla a por la silla

Quien va a Sevilla pierde su silla, dicen, pero no necesariamente la categoría. El Mallorca saltará al Ramón Sánchez Pizjoán conocedor de los resultados de sus perseguidos, Alavés, Eibar y Celta. Una ventaja psicológica y, en función de los mismos, motivadora. Es el precio que hay que pagar cuando uno depende de los demás, así que cualquier detalle a favor se agradece.

El cuadro hispalense es el peor local entre los equipos que lideran la clasificación. De hecho registra en Nervión idéntico número de victorias que el mallorquín en Son Moix. Ha perdido algún partido menos. Es fiero e intenso, pero no tanto como lo pintan. No hace mucho sacó adelante los tres puntos ante un Eibar que mereció al menos uno. Respeto, vale; miedo, ninguno.

Su mayor peligro llega por los costados. Jesús Navas y Reguilón no solo corren la banda con presteza y calidad, sino que centran con peligro. Y allí está Ocampos, una de las revelaciones de la temporada, para certificar las cartas que reparten sus compañeros. Aunque, ¡ojo!, Oscar Banega o Joan Jordan tampoco son malos carteros. Y los de Vicente Moreno sufren especialmente por los laterales, sobre todo por el izquierdo. Con algún problema por lesiones en el centro de la zaga, Lopetegui quiere firmar la mejor clasificación de su equipo estos últimos años.

Dadas las circunstancias y la clasificación, no parece que la alineación balear sufra grandes cambios. La condición física, con encuentros cada tres días, pesa; pero más preocupa mirar al banquillo y darse de cara con la escasez de recursos que tiene la plantilla. Puede volver Sedlar si se retoma el dibujo con tres centrales porque finalmente hay que fiar la suerte a la firmeza de la retaguardia y la velocidad de Kubo y el Cucho para el contragolpe. No hay más. Trabajo para Pozo en su vuelta a casa.

Arbitrará Cordero Vega. Unica referencia en este campeonato Mallorca-Osasuna (2-2). El cántabro ya lleva cinco temporadas en Primera, por donde pasa tan desapercibido como en sus actuaciones. No comete errores groseros. Por su juventud, 36 años, está llamado a ser uno de los clásicos. ¡Suerte!