La ruleta de la liga
No, la culpa no es de la «bossa nova» como cantaba Eydie Gormé a principios de los sesenta, sino de los directores deportivos empeñados en esperar gangas casi siempre inexistentes y, sobre todo, de la Liga de Fútbol Profesional que, al servicio de los agentes de futbolistas, uno de los grandes poderes fácticos de este puñetero negocio, permite la firma de contratos con la competición ya iniciada. ¡Una vergüenza!.
Nadie imaginaría un casino en el que se permitieran más apuestas después de que el crupier cantara el «no va más». Pues eso si vale en el fútbol cuando el balón ya está rodando y han transcurrido tres jornadas, como si los puntos no contaran. Hay quien lo cree, aunque no sea así. Prefieren perder nueve puntos, o más, que invertir un millón de más o de menos en reforzar sus escuadras.
Y no crean que la hipoteca millonaria a la que se han suscrito para los próximos 50 años se puede usar para mejorar plantillas. No, no. El Mallorca la usa para reducir el aforo de Son Moix en 4.000 espectadores menos, quizás más cómodos los afortunados que encuentren cobijo bajo la cubierta de sol. Grave contradicción puesto que aseguran mejorar las instalaciones cuando lo que hacen no es servir al público, sino a las televisiones que pagan. Para muestra, los horarios.
Por cierto, los de Javier Aguirre se estrenan el lunes, festivo, en Bilbao. Con más fresquito que aquí y previsión de lluvia. Los locales con bajas y los visitantes sin altas. ¿Qué será peor?.
