Actitud y aptitud, tan cerca y tan lejos

Si desde la adoración al becerro de oro en las faldas del monte Sinaí el dinero no hubiera ganado terreno hasta echar del Olimpo a todos los demás dioses, no asistiríamos al basurero que nos rodea y nunca hubiera medrado Negreira aunque, como el sur en la discografía de Serrat, todos saben, sabemos, que existió.

El padre Ramón, director espiritual del colegio donde estudié, San Francisco en Palma, decía que no había pecado si no había intención. No es preciso aclarar que los jueves de confesión, previos a los viernes de comunión, la cola em busca de su absolución triplicaba a la del director académico, fray Toni Nicolau. Al alcanzar esa edad en la que has dejado de ser joven pero aun no eres viejo, mi antiguo profesor de filosofía, el admirado padre Gregorio Mateu, me convenció de que lo importante es la actitud. A partir de ahí si que no hay escapatoria ni confesionario que valga.

En gesto de buena voluntad el presidente de la Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, anuncia cambios importantes en el seno de la organización arbitral. Básicamente la idea es separar la sección administrativa de la deportiva. Habrá un presidente que dependa directamente de Las Rozas, pero el colectivo arbitral será gobernado por otro líder, el sustituto de Medina Cantalejo, elegido, al menos en teoría, por los propios árbitros. Una fórmula híbrida en la línea de la aplicada en la Premier o en la Bundesliga. Su independencia real, habrá que comprobarla.

La mala noticia, como en el chiste de los remeros de las galeras romanas, es que el cuerpo especial de VAR quedará integrado por aquellos que se retiran por edad o descienden de categoría, circunstancia esta última que debería descalificarles per se. Lamentablemente las normas son tan confusas e interpretables que el enfoque de las acciones objeto de revisión según el plano o el ángulo ofrecido, abona la manipulación e incluso la aptitud o ineptitud del «telearbitro» influye en la actitud de su ex amigo, colega o rival. ¡Quién sabe!.