Con dinero y sin dinero
Incluso los profesionales incurren en el doble lenguaje tan propio de los políticos pero que, más deprisa que despacio, se usa en otras esferas entre las que el fútbol no resulta excepcional.
Los mismos jugadores, técnicos e informadores, además de directivos y aficionados, argumentan con facilidad que el dinero no lo es todo a la hora de formar una buena plantilla. Normal en el último grupo, pero más discutible en los cuatro primeros que, como contrapartida, recurren frecuentemente a la comparación de presupuestos para curarse en salud respecto al resultado de un partido o la clasificación de un campeonato.
Aun recordando que el Mallorca goleó 0 a 5 al Real Madrid en el Santiago Bernabéu, le apeó de la Copa del Rey con un rotundo 4 a 1 con unos ingresos que no resisten equiparación posible, podríamos reconocer que las posibilidades económicas de clubs como el de la capital o el Barça, con cientos de millones de euros más que sus competidores y, además, sin las mismas cargas que una sociedad anónima deportiva establece una clara superioridad diferencial. Sin embargo y a medida que descendemos varios escalones, la desigualdad estriba más en la planificación, el estudio y el acierto que en disparidades presupuestarias. Abstengámonos de rememorar el ascenso del Eibar y cuántos años lleva desde entonces en primera división.
Lamentablemente no solo este mundillo selvático del balompié admite expresiones multi semánticas que lo mismo valen para magnificar un triunfo que disimular una derrota. Ya lo contaba Alejandro Fernández, el cantante mexicano, «con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley».
