De un extremo a otro
Hemos pasado de la judilización de la política a la politización de la justicia, que me parece aún peor. Este país ama los extremos, lo que me lleva a concluir que hasta el fútbol pasa ya por que los Tribunales decidan si hay que jugar el domingo o el lunes. Nos hemos vuelto todos locos. Y para locuras las del VAR, la aportación tecnológica que venía a mejorar el juego y de reglamentar que un futbolista en línea con el último defensor NO incurre en fuera de juego nos hemos ido a trazar unas líneas que nos indican si una uña del atacante está más adelantada, una clara ventaja para los delanteros de pies pequeños y narices chatas salvo que seas Sergio Ramos o Luis Suarez, por decir algo. Si, definitivamente estamos idos.
El fútbol lo resiste todo. La afición, como concepto global, aguanta lo que le echen. Necesitamos esa religión, el sentimiento de formar parte de algo por volátil que parezca, uno o varios ídolos a los que adorar por mucho que el cerebro de algunos de ellos solo contenga aire, igual que el balón. En política también, por supuesto. De ahí el paralelismo inicial. Y si, los ciudadanos aguantamos más que la presa de Tarbela (Pakistán). La única diferencia es que mientras unos nacen de VOX y pueden terminar en Podemos o viceversa, otros no cambian de equipo hasta la muerte, como recordaba Ricardo Darín en «El secreto de sus ojos».
