Del sueño a la obsesión

Si algún día se me ocurre escribir la segunda parte de mi libro «Fútbol y vida» (Febrero 2024), incluiré lo que acaba de decir Alessio Lisci, entrenador milagro del Mirandés, antes del primer partido de la final por el ascenso a primera división contra el Oviedo: «Lo nuestro es un sueño; lo suyo, una obsesión». Una frase que resume lo que es el fútbol de verdad, el que echamos de menos, frente al feo ¿negocio? actual.

En efecto el anhelo del club que ha reunido en su entorno a la afición de toda su provincia por encima del de su capital, el clásico y tradicional Burgos C.F., he derivado en una realidad ejemplar. Conjugar un equipo cuya plantilla fue armada sobre la marcha a título de improvisación y que a siete días de comenzar la liga no había contratado ni a los once futbolistas necesarios para disputar el primer partido, eleva la categoría de un técnico preparado para trabajar en Primera, lo hará en el Osasuna, desde la humildad, virtud en retirada debido al dominio de los egos, y el conocimiento. Que el próximo día 22 suba o no, carece de la menor importancia aunque no de trascendencia.

Equipos como el Athletic, el Villarreal, el Rayo y algunos más, luchan por sus respectivos sueños que, por desgracia, ocasionalmente pueden convertirse en pesadillas. El Real Madrid, el Barça, el Betis son presa de sus obsesiones y las de sus dirigentes y por eso digieren mal cualquier segundo puesto con el que otros se darían con un canto en los dientes o lloran por las esquinas no alcanzar una clasificación europea.

No en vano el mítico jugador británico Bobby Charlton, reconocido como «Sir» por la Reina de Inglaterra, bautizó el viejo estadio de Old Trafford como el «Teatro de los sueños». De ahí surge la ilusión, el alimento inevitable del llamado balompié. Por el contrario no hay encanto ni sentimiento al amparo de la ofuscación o el terco empeño, solo el logro de una obligación o el desengaño del fracaso.