El mito ya es leyenda

Es bueno que este país donde las medallas se las dan a uno cuando ya se ha muerto, recuerde que tiene a un deportista, Rafael Nadal, que pasará a la historia como lo que es, un fenómeno sin fronteras ni apenas límites. Más sorprende aún, que el reconocimiento emane de un gobierno salpicado de comunistas de boquilla y socialistas de salón que le odian a él y lo que representa, a sus «tweets» me remito. No hablemos de ciertos nacionalistas que, por haber nacido en Mallorca, le consideran catalán y desprecian sus sentimientos «españolistas». Les gustaría más sin catamarán.

Me contaban estos días que en la junta directiva de la Autoridad Portuaria de Baleares hubo tiempo ha un vocal que, al ser nombrado y en un gesto de honradez, le contestó al motorista que él todo lo que sabía de barcos, barcas y otros «pianos» náuticos era que algunos de ellos flotaban. Esto es exactamente lo que saben los políticos de cualquier tendencia o ideología, (no me vayan a estigmatizar por la entradilla del presente texto), del deporte y los deportistas a quienes convocan con presteza para hacerse una foto a su lado en cuanto ganan algún torneo. Seguramente piensan que eso les da votos, lo único que les interesa. Yo creo que se equivocan porque se les ve el plumero desde aquí a Cincinatti.

Pero si, digo que está bien que en la Moncloa se enteren ahora de que aquí hay un mito. En la Zarzuela, cuyos gastos prefiero pagar antes que los de los tropecientos mil diputados, senadores, asesores, directores generales, secretarios y demás cargos al uso , lo saben desde el 2008 cuando le dieron el premio Príncipe de Asturias. Y aquí, qué quieren que les diga, con la que está cayendo como que no procede convocar a las masas con mascarilla ante la balconada del Consulat de la Mar.

El gran Santiago Amón hace algunas decenas de años le dijo a una supestrella de la radio: «tu problema es que buscas lo que hay más allá del éxito y después del éxito, amigo mio, no hay nada». Una gran verdad que no entiende de egos. Rafa seguro que lo comprende, por eso disfruta cada triunfo como si fuera el primero o el último.