El otro «mercado»

Si fuéramos a hacer caso de cuanto aparece en las redes sociales el Mallorca ya habría fichado a otra plantilla completa, hasta a un portero, Dimitrievsky, sin haber traspasado aun a ninguno. Les ahorraré la lista interminable de futbolistas que, siempre según dichas fuentes, despiertan el interés de Pablo Ortells, el director de fútbol, y, por supuesto, de decenas de clubs europeos que van detrás de ellos porque todos son buenísimos.

En el viejo Lluis Sitjar un directivo, don Pedro Mus, hacía las veces de secretario técnico. Se montó un cuadriculado en el que anotaba las alineaciones de todos los equipos publicadas en el Marca, cuya calificación de 0 a 3, añadía en su casilla jornada tras jornada. Bastantes años más tarde, los representantes iban de puerta en puerta aportando recortes de periódicos y fotografías de aquellos que ofrecían a los encargados de fichar y de eso se pasó al vídeo que, aunque sigue en vigor, ha sido sustituido por las memorias usb o el mismísimo you tube. Aun así, nada como la observación directa del ojeador avispado.

Mi admirado Joancho Forneris cerró un informe verbal sobre un extremo al que ordenó seguir Miquel Contestí vía Serra Ferrer con un contundente «no sirve» y esquivó ampliar por escrito la respuesta al presidente: «para qué vamos a escribir si no sirve». Un buen informador le habría evitado a Ortells perder el tiempo con Chiquinho, por citar solo el ejemplo más reciente.

Instagram, el «X» de Elon Musk, Facebook, Whats app y las aplicaciones de móviles, se usan en los vertiginosos tiempos que corren, para editar imágenes que llamen la atención de los directores deportivos y no reparan en medios para activar o captar al despitado o vago de cualquiera de las SAD al uso, con datos reales o imaginarios de goles, asistencias o maravillas varias de «estrellas» en ciernes, aunque algunos se hayan pasado un año con la pierna escayolada. Es lo que tiene inventarse un seudónimo sin que nadie obligue a dar la cara, nombre y documento de identidad, ya sea para engañar, insultar o, en este caso, promocionar al mejor, más bonito y barato.