El penúltimo escándalo
Las redes sociales son útiles para comprobar la bajeza a la que es capaz de descender el género humano, con excepciones que, por supuesto, confirman le regla. Esta introducción viene al caso de cualquier cosa que ustedes quieran, pero me ha sido sugerida por la posibilidad de un nuevo escándalo económico y social que, lejos de inducir a un examen de conciencia colectivo, jalean los mismos que después reclaman igualdad social y arremeten contra la empresa privada. Si, lo han adivinado, la posibilidad de que el Real Madrid pague entre 160 y 200 millones de euros por un futbolista, Mbapé en este caso, supera lo moralmente permisible.
Cuando los mercados reclaman límites legales a las cantidades que se mueven en torno al fútbol profesional, cuando un futbolista de medio pelo de la Primera RFEF gana no menos de 10.000 euros mensuales, no digamos en Segunda o Primera de la LFP, cuando estamos hablando de un club deportivo «sin ánimo de lucro» cuya deuda ronda los mil millones, cuando la pandemia de la COVID 19 en curso ha arruinado a familias enteras y miles de negocios más o menos modestos, parece pornográfico publicar este tipo de operaciones que no se limitan a la compra del profesional de marras, sino que luego hay que sumar lo que se va a pagar al susodicho porque, de lo contrario, no se mueve del sitio.
Pero no, Internet se llena de aficionados, ingénuos o no, clientes en su mayoría, que no solo no se echan las manos a la cabeza, sino que alientan la operación. Incluyamos la mayoría de medios de comunicación, inmersos en la batalla por certificar la noticia en sus portadas. Y piensen en otras pequeñas operaciones, es complicado alcanzar este tamaño, que se llevan a cabo entre clubs de menor empaque y futbolistas proporcionalmente igual de onerosos. Los voceros siguen a lo suyo y nadie clama aunque sea en el desierto. ¿Nos hemos vuelto todos locos?. Puede ser.

