El problema no es la solución
En plena crisis social que amenaza con extenderse al área deportiva y, como consecuencia, económica, el CEO del Real Mallorca SAD, Alfonso Díaz, se ha reunido en un hotel con su equipo de comunicación e ignoro si alguien más. Es decir, el problema cree ser la solución y convoca a la problemática, es decir el conjunto de problemas, convencido de que entre todos arreglarán desde el confort de una sala de reuniones, como si Son Moix no fuera lo bastante amplio, lo que ya advirtió Cruyff que solo se arregla en el terreno de juego, donde hay que poner el dinero. Ni en despachos, cerchas, gimnasios, bares, restaurantes, cristaleras, chiquiparks y salarios de ejecutivos o empleados de élite, no; en el campo. Más o menos como ir al oncólogo con un cáncer de estómago y que te recete una aspirina.
Al problema número uno y a su homónimo, el número dos, Pablo Ortells, ya les va bien que la afición tire mierda sobre los jugadores, ya sean Larin, Maffeo o quien les dé la gana. Sin embargo no es probable que a los futbolistas, a todos, les haga ninguna gracia. El director deportivo aún le da vueltas al hecho, porque de eso hablamos, de haber invertido los veinte y pico de millones procedentes del traspaso de Kang in Lee, en Muriqi, Darder y Larin. Lo de Van der Heyden, Chiquinho, Valery y compañía dejemos lo aquí.
Pero si alguien alberga alguna duda de que lo que ocurre en las oficinas, en las juntas de propietarios o gobiernos bicéfalos al uso no influye en el vestuario, en plural si añadimos el del filial o filiales, que se dé una vuelta por el Ramón Sánchez Pizjoan y vean lo que pasa en el Sevilla. Si lo prefieren, retrocedan diez años a los consejos de administración del tándem Utz Claassen-Cerdá con Miguel Blum grabando con un móvil para pasar información a uno o varios periodistas de su cuerda.
Precisamente fue el alemán quien acuñó el encabezado: «el problema nunca puede ser parte de la solución».
