El VAR no corrige, rearbitra

He escrito  muchas páginas de este blog relacionadas con el vídeo arbitraje, este buen invento tecnológico que, como otras grandes ideas, el hombre no lo ha aprovechado para bien, sino para desvirtuar las competiciones dedicadas al fútbol profesional. Cantidad de palabras para describir el problema cuando era tan sencillo como lo ha explicado Manuel Pellegrini, el entrenador del Real Betis: «El VAR está para corregir errores garrafales, pero lo que hace en su lugar es rearbitrar los partidos». Imposible expresarlo mejor.

En efecto no hace lo que el presidente de los árbitros, Carlos Velasco Carballo, nos intenta vender, intervenir ante equivocaciones notorias del colegiado. Al contrario, anula acciones por fuera de juego porque el plano de la vertical desde el suelo muestra que la nariz del último delantero está más adelantada que la del defensa. Malo para los futbolistas de nariz griega y peor para los que lucen la aguileña. Decreta penaltis porque después de tres rebotes, el balón ha ido al brazo de un zaguero que andaba por ahí y que tienes que revisar tres veces para comprobar que, en efecto, el balón golpea ese brazo, intencionalidad aparte ya que, por lo visto, esas cámaras miden las ondas cerebrales de los jugadores.

Si circulo por la M 20 a 100 kilómetros por hora, ¡menuda lumbrera el que bajó a 80 la velocidad máxima en el cinturón urbano de Palma!, nadie me preguntará si me había dado un calambre en el pié que pisa el acelerador. Me cae la multa sin posibilidad de recurso. El fútbol es diferente, si, porque entre otras cosas los árbitros se califican a si mismos como jueces, cosa que no son. Los jueces estarían en todo caso en el Comité de Competición. Los trencillas solamente levantan actas o denuncian infracciones. La mayoría de ellos no lo entiende. Y los del VAR, técnica de la que ellos mismos se autotitulan como especialistas, deben ser chivatos. ¡Vamos, digo yo, ya para rizar el rizo!.