Error sin atenuantes
Entre los cambios que no cambian nada introducidos por la nueva junta de gobierno del Comité Tecnico de Arbitros de la Real Federación Española de Fútbol figura, además de la chorrada de eliminar el segundo apellido de sus colegiados, la inútil revisión de las decisiones que han tomado sobre el terreno de juego y desde la cabina VOR. Si la primera medida es una soberana tontería que no conduce a nada, la segunda parece una burla en toda regla de los equipos que han salido perjudicados.
En referencia a la última jornada los revisores han concluido que al Mallorca se le privó de un penalti de manual al sujetar Zubeldia a Muriqi con los dos brazos muy cerca de la portería que, ignorado también por el VAR, conllevaba la expulsión del defensa de la Real. Pobre consuelo si ese punto birlado por el riojano Miguel Sesma Espinosa, sin que el sevillano Jorge Figueroa Vázquez se inmutara, marcara el límite de un descenso valorado en pérdidas millonarias. No pensaremos en ningún caso tiene nada que ver el hecho de que el Sevilla, inmerso en la lucha de la mitad baja de la clasificación, como tampoco el penalti contra Osasuna señalado en Mestalla, tienen que ver algo parecido con la posición del Valencia. No, nada de eso. Ni siquiera se trata de insinuar. Pero no es menos cierto que el Comité de Designación tiene en su mano vigilar que los nombramientos permitan a los aficionados apartar la menor sombra, ya no indicio, de sospecha.
Llueve sobre mojado ante los reiterados errores de de ciertos ex árbitros, González Fuertes es otro de ellos, que siguen en sus puestos jornada tras jornada, algo que en la Premier no solventan con lo que aquí denominamos «neverazo», que consiste en uno o dos fines de semana libres, sino en un inmediato descenso de categoría por lo injustificable de equivocaciones tan meridianas que, en definitiva, constituyen la esencia y el motivo del invento del vídeo arbitraje. Al contrario, el Comité ha introducido como especialistas de pantalla a árbitros de Segunda en partidos de Primera, una singular aberración de la que, sorprendentemente, no hablan sus antiguos compañeros y tertulianos ya sean Iturralde, Mateu Lahoz o Pérez Burrull. Ni siquiera el díscolo Estrada Fernández.
Esta pesadilla de las revisiones a toro pasado deberían ser útiles para devolver a cada equipo lo que se le ha quitado de forma evidente, sancionar lo que determinados jueces no han apreciado pese a esa misma evidencia y castigar a los infractores a la par que rectificar resultados y puntuación. Solo al reingreso de lo hurtado exime del pecado principal.