Fútbol o negocio sin esencia

Una vez más se impone el negocio a la realidad. Si el fútbol fuera democrático en lugar de una bolsa financiera, el público habría dictado sentencia condenatoria de la élite que le desprecia. Lo digo después de haber visto, como no hacía años, dos partidos de Regional Preferente, que ahora no sé ni como se llama en los que la comunión de los jugadores, casi todos amateurs o casi, con la afición apiñada encima de gradas de tres escalones en un solo lado del campo, no depende del resultado.

La FIFA explota en estos momentos un Mundialito entre clubs de fuerzas desiguales, con la doble intención de recaudar dinero por la venta de los derechos de televisión, cuya escasa audiencia no los justifica, y, de paso, congestionar el calendario para que no quepa la Superliga que solo existió en la mente de Florentino Pérez y su necesario amigo Jan Laporta.

Sin perder ripio, por algo es presidente de la LFP y vicepresidente de la RFEF a la vez sin que nadie haya interpuesto incompatibilidad alguna, Javier Tebas se permite distraer su tiempo entre un debate con el entrenador del Almería, Rubi, al que le «robaron» a su jugador más importante en plena promoción de ascenso y su odio hacia el presidente del Real Madrid. Ahora, con una mano a dios y otra al diablo, se erige en adalid de la causa para impedir la reducción de las grandes ligas a 18 equipos, objetivo Infantino y Ceferin con la intención de calmar a los sindicatos de futbolistas pero, sobre todo, mantener la experiencia del Mundialito en curso más implantado entre medios de comunicación desocupados que seguidos por los espectadores.

Propósitos aparte, dejar la segunda división en 20 equipos, como mucho, y la Primera en 18, desde 1950 a 1971 solo eran 16 y no fueron 20 hasta 1987, es una necesidad fundamental para mejorar el espectáculo, devolver el gusto por regresar al estadio en lugar del sofá o el bar y respetar a los jugadores, que no todos cobran los millones generados en un mercado pornográfico con el que no ha habido gobierno ni institución capaz de regular. Y de eso si que tienen la culpa los tebas, rubiales, louzanes, uribes y demás fauna ibérica o internacional.