Futbolistas, no monjes
Todavía hay quien cree que los futbolistas son o tienen que ser monjes e incluso ascetas. Nada más lejos de la realidad. Son, por encima de todo, personas como los demás y si en domicilios particulares y calles de distintas ciudades se han montado saraos en pleno confinamiento, escandalizarse porque lo hayan hecho cuatro jugadores del Sevilla con sus mujeres es una hipocresía supina. Ya sabrá su entrenador o el consejo de administración del club qué medidas disciplinarias aplicar aun sin dejar de reconocer la poca ejemplaridad del festejo que, por otra parte, no hubiera trascendido si la esposa de Banega no hubiera colgado en les redes sociales una foto conmemorativa porque, eso si, otra cosa es que no tengan que cuidar su alimentación y sus períodos de descanso.
Por el Mallorca, como en otros clubs, han pasado profesionales díscolos. Unos criaron fama y otros cardaron la lana, tal cual reza el refrán. En cierta ocasión un colega de la información inquirió al entonces entrenador Koldo Aguirre acerca de la presunta vida disoluta de una de las estrellas del equipo, el delantero centro serbio Miodrag Kustudic. Si, decían que conocía muy bien el Paseo Marítimo y puede que llegara tarde a algún entrenamiento, de ahí la pregunta. Sin embargo la respuesta del técnico vasco, que en paz descanse, se inclinó a restar importancia a los hechos: «mire usted, si marca un gol en cada partido, que salga cuando quiera y llegue a la hora que le dé la gana».
No creo en la profesionalidad de un jugador de fútbol cuyas costumbres no se adapten a sus obligaciones laborales, pero he de añadir que a lo largo de los años he aprendido que cuando los resultados son malos, enseguida salen a relucir conductas presuntamente inapropiadas de casi toda la plantilla, no siempre justas y en todo caso ignoradas cuando se suceden las victorias.
En los tiempos que corren el «asado» de los sevillistas roza el escándalo, más por el momento en si y la personalidad de los participantes que por el hecho como tal.
