Honor al palco
Siempre he creído que rectificar no es de sabios ya que eso implica que en la acción original fueron tontos. La rectificación me parece un acto de humildad, virtud cada vez más denostada y no por ello menos necesaria, pero en un mundo que acepta la mentira como un cambio de opinión que gana adeptos en todo el mundo, la sabiduría se confunde con la picaresca y al listo con el inteligente.
Al fin el Real Club Deportivo Mallorca ha decidido, no sin ayuda, dedicar a la memoria del presidente Miquel Contestí Cardell, el palco presidencial del estadio de Son Moix además de colocar una placa conmemorativa y un mural alusivo en una de las bocas del recinto. Pudieron y debieron homenajearle en vida, lo que él habría agradecido, pero más vale tarde que nunca y si hemos lamentado no apreciar la historia, también nos alegramos y celebramos su revisión. La justicia a veces se retrasa, pero siempre se impone.
No es la primera vez que en este blog he deplorado la falta de empatía de la propiedad actual con aquellos que la precedieron merced a los cuales la entidad se ha mantenido en pie durante más de un siglo. Con motivo del cincuentenario del primer ascenso a Primera, el entonces presidente Tomeu Vidal glosó la figura de otro presidente, Jaume Rosselló. Abonada aquella deuda, ahora se paga otra.
Dice el modismo tópico y popular que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Sin contradecir el aserto, deberíamos añadir que también hay otros hombres que han arrimado el hombro en los momentos difíciles y desde insospechadas misiones. A vuela pluma acuden a mi memoria José María Lafuente López, su hijo José María Lafuente Balle, Pep Buades Costa, Tomás Jaume Reus, Luciano Espases, Antonio Caldentey, Luis Adiosgracias, José León, César Mota, Jaime Turró, Antonio Oviedo, Llorenç Serra Ferrer, Guillermo Oliver Salas, Guillem Coll, Joan Buades, Miquel Ballester, Toni Tatxa, Jaume Cladera, Juan Carlos Forneris, una lista temporalmente desordenada y bastante más larga de directivos, técnicos, empleados, periodistas y jugadores más o menos veteranos que darían para una placa mucho mayor que aquella de mármol que incluía en el fondo de la «llotja» del viejo Lluis Sitjar, los nombres de quienes habían presidido el club desde su fundación.
La insistencia de la Unió de Penyes, Moviment Mallorquinista y la Penya Miquel Contestí de su villa natal, Llucmajor, ha convencido a Mr. Kohlberg y sus ejecutivos. ¡Aleluya!.