Humildad, divino tesoro
La humildad siempre es una virtud algo infravalorada, como tantas otras, en estas primeras decenas del siglo XXI. Aconsejable en la vida cotidiana de cada individuo o colectivo, resulta imprescindible para practicar deporte a cualquier nivel, sobre todo para lograr victorias.
Algunos dicen que el Real Madrid gana por suerte, que la tiene, no lo voy a discutir; otros que sus rivales, aunque pierdan, son mejores, tampoco entraré en este debate. Para mi la clave está en la humildad de sus jugadores y técnicos, presidente aparte. No se ve un solo mal gesto de Ancelotti en el banquillo, ni arengas, ni saltos, ni desmanes. El hombre tranquilo. Sus pupilos no arrojan la toalla ni bajo el grifo de la ducha, irán en desventaja sobre el marcador, pero se entregan desde el inicial silbato del árbitro al último y lo hacen todos, desde el portero al extremo izquierdo o los suplentes que salen en sustitución de alguno de sus compañeros. No sé cómo serán fuera, pero en el campo son …..humildes.
Todo lo contrario podemos decir de sus últimos contrincantes en la Champions. Un París Saint Germain plagado de estrellas alguna de las cuales solamente brilla cuando entra en su banco. Juegan de cine, si, pero se pierden en la floritura, en el individualismo de querer destacar unos más que otros, van de sobrados y fracasan temporada tras temporada cuando el biberón se sirve fuera de la capital gala. Algo parecido sucede con el City, ese equipo, esta plantilla forjada a base de talonario al gusto de Pep Guardiola pese a lo cual no ha ganado un título internacional desde hace nueve años. Tuvo al Madrid contra las cuerdas, sin duda, pero no lo remató. Debería reflexionar sobre cómo en medio de tanto fútbol de toque y fantasía, de eso menos, ha encajado seis goles en dos partidos. A mi me aburre, no sé si a ustedes.
A algunos de los de Pochetino les falta sencillez y los de Manchester modestia como grupo. Sin sacrificio no hay éxito y sin humildad, menos.