Imagen de Segunda (2-0 en Balaidos)
En penalti de Raillo, discutible o no, a los 82 minutos, acabó con las esperanzas del Mallorca de arañar un empate que no mereció y mucho menos buscó. Iago Aspas lo transformó y redondeó la cuenta en tiempo de prolongación al recibir un pase en profundidad de Hugo Alvarez para escarnio de Maffeo y con Leo Román, que evitó una humillación, vendido.
ALINEACIONES:
R.C.Celta.- Radu (-), Javi Rueda (1), Domínguez (1), Aidoo (1), M.Alonso (1), Hugo Alvarez (2), M.Román (1), Vecino (1), Jutglá (1), Fer López (1) y P.Durán (1).
Minuto 43, Swedberg (1) por P.Durán, lesionado. Minuto 67, Borja Iglesias (1) por Jutglá, Iago Aspas (2) por Fer López e I.Moriba (1) por Vecino. Minuto 78, Abdellaui (-) por J.Rueda.
R.Mallorca.- Leo Román (2), Maffeo (0), Raillo (0), Valjent (1), Lato (0), Samu (1), Mascarell (1), A.Sánchez (0), Sergi Darder (0), Muriqi (0) y Virgili (0).
Minuto 67, Mojica (0) por Lato y Morlanes (0) por Mascarell. Minuto 76, MinutoP.Torre (0) por Virgili y Joseph (0) por Muriqi. Minuto 86, Llabrés (-) por A.Sánchez.
ARBITRO:
José Luis Guzmán Mansilla (1) de Jaén. Tomó la matrícula de Muriqi apenas empezado el partido con una amarilla evitable, en cambio se la guardó en un rodillazo de Marcos Alonso al riñón de Samu. Luego volvió a exhibir la tarjeta admonitoria ante Lato, Mascarell, Mojica y Raillo, además de Arrasate. Del Celta solamente la vió Borja Iglesias por un rifi rafe con el capitán bermellón. Cuando el partido enfilaba al empate sin goles, pitó un forcejeo de este último sobre el veterano delantero local en los que, como los pimientos de Padrón, algunos colegiados pican y otros no.
GOLES:
Minuto 82, en un balón sobre el área Borja Iglesias, por delante de Raíllo, pugna con el central que forcejea ostensiblemente. El atacante va al suelo y el árbitro decreta penalti que desde el VAR no se revisa o se confirma. Iago Aspas transforma de tiro raso, duro y al hierro. 1-0
Minuto 95, Hugo Alvarez se lleva el milésimo balón de la tarde ante Maffeo, cede en profundidad a Iago Aspas que fusila a Leo Román de palo a palo. 2-0
El Mallorca sacó dos veces desde la esquina, por cinco el Celta.
SUICIDIO ASISTIDO
Cuesta imaginar qué partido había visualizado Arrasate para intentar ganar, único resultado válido, en Vigo. Si después de veinticinco jornadas de una inédita eficacia defensiva la única ocurrencia es colocar a Antonio Sánchez como un lateral adelantado con Maffeo de central diestro, Valjent de zurdo y Raillo de antiguo «líbero», o debe hacérselo mirar o la UIB tiene que improvisar una cátedra de fútbol para los que no entendemos nada.
En su descargo cabe señalar que sus ¿discípulos? hicieron caso omiso a sus instrucciones que, por otra parte eran las de siempre, balones a Jan Virgili y la cabeza de Muriqi. El kosovar fué advertido por el árbitro a las primeras de cambio y el joven extremo se tuvo que pasar más tiempo persiguiendo al defensa, que el lateral a él. Con Mascarell de apaga fuegos y Samu de correcaminos, Sergi Darder deambulaba de un lado a otro para nada, igual que Ricardo III en busca de su caballo.
A un Celta sin Starfeld, Moriba, Bryan Zaragoza, Carreira, sin Swedberg hasta el intermedio y Aspas o Borja Iglesias hasta avanzada una hora, siete de sus titulares, le habría bastado el acierto de Pablo Durán al encarar a Leo Román o el de Hugo Alvarez tras sortear contrarios en el área como pedro por su casa, sin tener que recurrir a sus estrellas para hacer al contrario que el Mallorca, aquello para lo que había salido al campo: ganar.
Explicar a qué jugaban los de Jagoba no puede ser y además es imposible. A lo sumo a pasarse la pelota de lado a lado para terminar en una cesión al portero y el pelotazo de costumbre. La misma película que una semana antes frente al Betis, pero en blanco y negro y sonido mudo. Mientras el anfitrión se adueñaba del balón ante la atenta mirada de los rojillos, el cansino paso de los minutos provocaba la siesta que los visitantes habían organizado. Si en el primer tiempo no pisaron terreno enemigo, en el segundo no llegaron al área. Vacaciones para Radu, guardameta local, y a esperar que el cronómetro fuera más deprisa que el equipo olívico.
Más inexplicable resulta que, por cansados que estuvieran de ir de un lado para otro sin saber por ni para qué, relevar a Muriqi y Virgili si tienes la pretensión de ganar, nunca demostrada, es la peor decisión que puede tomar un entrenador cuyos conocimientos no se discuten, pero que parece haber perdido los papeles sin opciones de recuperarlos.
No es el único reo, cierto. Pero eso ya está hablado y, por desgracia, habrá que insistir.
