El show debe continuar
Si quieren sufran por el Mallorca, pero no por sus dueños y ejecutivos. Las entradas por ayuda al descenso, 18 millones, superan las recibidas por quedar décimo en la liga, sólo 10. Sumen los traspasos, Muriqi y Samu por ejemplo, y añadan la cifra que estimen oportuna. Bajen el tope salarial, aunque superará al de la mayoría de equipos de la nueva categoría, y el coste real de la nueva plantilla y ya verán como les salen los números. A ellos les duele, a la afición, además, le indigna.
Prepárense para un taredo solidario en la zona VIPS del estadio de Son Moix a 75 euros por persona. ¿Donde no se llegó a estrenar el Presuntuoso?. Dicen que un torneo de golf sobre el mismo cesped, digo yo que «mini», no lo imaginemos con 9 o 18 hoyos que no caben, sin contar el corte de la hierba para cada «green». No se olviden del concierto de Alejandro Sanz. Conciertos de Primera y fútbol de Segunda. Las autoridades ya han pedido invitaciones.
Lo próximo será presentar la continuidad de Martín Demichelis como entrenador de la primera plantilla. Se ha ofrecido públicamente, cabe deducir que con rebaja coincidente con la presdisposición, sin recordar que sumó 18 puntos de 36. Soslaya, por supuesto, que ninguno de ellos en las citas más importantes -Elche, Vitoria, Getafe y Levante-, contra tres de los rivales directos a quienes habría condenado en lugar de ocupar su lugar. El dueño solo se enfadó por el lamentable espectáculo ofrecido en Vigo, donde no estuvo. Los del Coliseum Alfonso Pérez y el Ciudad de Valencia los vió desde sendos palcos ante la atenta mirada de Leo Román, «sparring» de la Selección.
El argentino, afirma quien lo sabe, pide control sobre bajas y fichajes. Vino sin hablar con sus predecesores, craso error. De colega a colega le hubiera convenido tomarse un café o un mate con Vicente Moreno, Javier Aguirre y el propio Arrasate.
A Vicenç Grande casi le montan un potro de tortura en la plaza de Cort por insinuar un proyecto que dotaba al estadio municipal de Son Moix de un centro de oficinas y locales comerciales entre otros servicios. Los americanos ya llevan locales para bautizos, bodas y comuniones, restaurantes sin licencia para fiestas, gimnasio, bares, chiqui park, salas de eventos y reuniones y demás actividades ajenas al objetivo social, el fútbol, con las que, para más inri, ni siquiera equilibran el presupuesto. Claro que aquél es mallorquín y mallorquinista.
Pero hace años que un cineasta americano, Bob Fosse, ya lo anticipó: «El show debe continuar». «All thats jazz».


