Incoherencia e improvisación
Cuando Pablo Ortells compite con otro club en el fichaje de un futbolista, suele perder incluso cuando, aparentemente, ofrece más dinero. Acaba de suceder con Izeta, joven delantero centro del Athletic B, que ha elegido Cádiz, otro club con problemas internos y económicos. Sorprende que el Mallorca, tan amigo de cesiones o jugadores libres, estuviera dispuesto a pagar dos millones después de haber pagado tres al Córdoba por el undécimo goleador de Segunda, Adrián Fuentes, que juega en la misma posición.
Otro detalle que corrobora la ausencia de todo proyecto creíble es lo sucedido con los porteros. En tres años han pasado por debajo de los palos de Son Moix, dos grandes porteros, Rajkovic y Greif, y uno de un escalón menos, Leo Román. Ahora no hay ninguno y, desde luego nadie que permita sospechar que llegue al nivel de los vendidos. Han engordado la tesorería en 20 millones de euros y hay quien lo celebra como si el dinero fuera para sí mismo o lo fueran a invertir en verdaderos refuerzos para una plantilla en obras.
La incoherencia perfectamente reflejada cada vez que Alfonso Díaz abre la boca o el director deportivo intenta justificar o justificarse, preside la política del club en caso de que el propio presidente Kohlberg supiera cuál es. Lo que se transmite de puertas para fuera y demuestran las decisiones contrastadas y los hechos concretos únicamente apunta a una improvisación permanente, de ninguna manera a una planificación coherente en pos de un objetivo fijo que, dado el caso y las circunstancias, no puede ser otro que el ascenso.
La gestión en los despachos trasciende al terreno de juego, siempre. Por desgracia la conexión no es bidireccional porque lo que sucede en el campo, tal cual se proclama con frecuencia, se queda en el campo y, de rebote, en las gradas, pero nunca repercute en la sala de juntas ni el palco de autoridades.
