Independencia con dependencia
Rafel Louzán, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, ha descabezado al triumvirato que regía el Comité Nacional de Arbitros justo después de que le anunciaran la creación de su sindicato y antes de presentar a la Asamblea al nuevo equipo y la renovación del estamento.
A quienes anteponemos las ideas a las ideologías, una de las grandes máximas aprendidas de Jaume Cladera, ex presidente del Mallorca y ex Conseller de Turisme del Govern Balear, nos preocupan más las normas que las reglas, los hombres que los nombres y, especialmente, el contenido por encima del continente. Se van Medina Cantalejo, Clos Gómez y Rubinos Pérez, un trío mal avenido cuya intervención en el caso Negreira que afectaba gravemente al colectivo ha sido inocua. El aragonés, director del VAR, no ha logrado evitar los «penaltitos» condenados por su jefe ni las controvertidas, a veces inexplicables, decisiones tomadas desde las cabinas en un mar de contradicciones y criterios más que confusos para el espectador, los jugadores y los técnicos.
El nuevo Comité se constituye como un ente parcialmente independiente, aunque tampoco es así. Se crea porque la LFP también quiere cortar el bacalao y los árbitros tendrán que rendir cuentas tanto en Las Rozas como en Arturo Soria. Por algo Javier Tebas ocupa sillón de vicepresidente en la la urbanización de referencia y el de presidente en el de la ciudad. No parece muy buena noticia.
La identidad de los sustitutos puede ofrecer algunas pistas, pero si la remodelación no alcanza el fondo de la problemática, es decir mecanismos de ascensos y descensos, sistema de designaciones, incompatibilidad territorial y transparencia en todos los ámbitos, de nada serviría el cambio que, a priori, apunta más a un lavado de cara que a una reforma práctica y verdadera.