Jagoba entre líneas

Acaban de cesar, mal como de costumbre, al cuadragésimo noveno entrenador que he conocido en el Mallorca desde el comienzo de mi carrera profesional. Las despedidas siempre son tristes y no es fácil en ningún caso desoir las emociones, mantener la cabeza fría y separar a los profesionales, jugadores y técnicos básicamente, del ser humano que anida en cada uno de ellos. Pero estoy aquí para opinar lo que, cuando aún me pagaban por ello, le tuvo que recordar un juez a Utz Claassen y sus abogados, al interpelarme porque, según ellos, criticaba únicamente su labor y sus decisiones al frente del club. Yo sigo, popularizó el cómico argentino Jose Rígoli en la década de los 60’s.

Arrasate se ha marchado sin faltar a una sola de sus señas, sin la agresividad más que justificada cuya ausencia le hemos afeado en más de una ocasión. Con la hipocresía alineada en primera fila y la falsedad escondida bajo algunas butacas, era necesario leer entre líneas, medir las preguntas, observar la meditación de las respuestas y calibrar las conclusiones. De todo ello se deduce con temor a equivocarme, que Pablo Ortells tuvo que limitarse a cumplir órdenes para llamar a Jagoba a las nueve de la noche, tal vez en plena cena, para comunicarle la fatal noticia. «No, todavía no he hablado con Andy Kohlberg». Con Alfonso Díaz lo habrá hecho por la resolución del contrato, con o sin cláusula de confidencialidad, «de haberla no estaría aquí hablando», después de que el CEO no estuviera de parranda sino de pachanga, según algunas informaciones del colega Juanmi Sánchez. De ser así el director deportivo debería dimitir en base al mismo rasero que aplicamos a la silenciosa protesta a voces del cesado. Los silencios son más elocuentes que las palabras y si no lo creen rescaten las enseñanzas de Jesús Quintero.

El presidente estaba en Londres a punto de impartir conferencias sobre el negocio, lo único que entiende, del fútbol, del que no tiene la menor idea. Su CEO a buscar fórmulas para pagar el mínimo posible o no hacerlo si se puede evitar y el director de fútbol a contratar a un nuevo entrenador sin importar su currículum y cuanto más barato mejor.

Como bien apuntaba Matías Vallés en Diario de Mallorca, el de Berriatúa había dimitido mucho antes de que lo echaran. El club, eso ya es de mi propia cosecha, descendió antes que el equipo desde que una guerrilla de desalmados en alianza con otros tantos indocumentados, acuchilló al mallorquinismo en el corazón de Lorenzo Serra Ferrer, el penúltimo mohicano, antes de que el último, Monty Galmés, rindiera su bastión.