La injusticia de los penaltis

Edson Arantes do Nascimento, más conocido mundialmente como Pelé, quizás el mejor futbolista de todos los tiempos según una apreciación subjetiva y el gusto de cada opinión, decía que «marcar de penalti es una manera muy cobarde de golear». No entendía que quien los convierte se pongan a brincar entusiasmados y abrazarse con el resto de sus compañeros para celebrar un gol cuya ejecución no representa le manor dificultad. En similar sentido se explicaba quien fue portero del Atlético y el Mallorca, Mariano Tirapu, al señalar que cualquier fallo siempre es imputable a quienes lo tiran, jamás mérito del cancerbero, desmitificando la justificación al uso de «solo yerra aquel que los tira».

Partiendo de ambas reflexiones, tendremos que coincidir en que las normas impuestas por la FIFA para resolver las finales más importantes de cada temporada en caso de empate no solamente son injustas, sino también propias de «gallinas», lo que equivale a equiparar a los campeones o vencedores a partir de las consabidas tandas con auténticos miedosos, amilanados o cuantos sinónimos de cobardía halláramos en el diccionario, con el agravante de las normas restrictivas sobre el movimiento de los guardametas.

Puesto que el fútbol crece como negocio y decae como deporte y espectáculo, la fórmula evita los partidos de desempate que se imponían cuando el calendario era más relajado y, sobre todo, menos estresante. Cada vez con más competiciones internacionales y participantes más numerosos no quedan fechas libres para dilucidar entre vencedores y vencidos, pero lo cierto es que los triunfos pierden mérito y las derrotas resultan humillantes. A mayores premian el acierto puntual e individual, por encima del concepto colectivo, de equipo, que resume la idea original del fútbol. Es una oda al logro de la victoria a cualquier precio, antónimo de la misma esencia de la práctica deportiva.

Escrito quede en calidad de apelación y la demanda de une revisión del sistema y las causas de pena máxima aplicables, en defensa de la reivindicación de las virtudes que inspiraron la idea del balompié ajenas a las exigencias del reglamento que alumbra la especulación, el morbo y la estrategia de «buscar o llegar a los penaltis» que practican no pocos entrenadores y sus discípulos.