La ley de Murphy

Un ingeniero aeroespacial norteamericano, Edward Murphy, se equivocó y concluyó que si existe la posibilidad de caer en un error, efectivamente se cometerá. Así nació lo que popularmente conocemos como la Ley de Murphy, definida por la frase: «si algo puede salir mal, saldrá mal».

Le renovaron un año, pero ahora resulta que no le quieren. Arrasate, su entrenador, tampoco cuenta con él. Sus compañeros no saben ni contestan. Y Dani Rodríguez se quiere quedar. ¿Qué puede salir mal?. Huelgan explicaciones.

Hubiera tenido que darlas el director de fútbol, Pablo Ortells, al decidir la renovación del gallego con la que no contaba ni el interesado. Los mecanismos antes iban con cuerda, pero las pilas ganaron la batalla y cuando se agotan se acabó lo que se daba. Pero al jefe de la cosa deportiva del Mallorca le gustan los contratos largos, muchas veces contraproducentes. Cuando se toman decisiones en aras de lo políticamente correcto o se miden aspectos ajenos al rendimiento, sobre todo en un deporte negocio en el que hace tiempo que dejó de contar el corazón, se corren riesgos innecesarios que, además, comprometen a terceros.

La granada la fabricaron en los despachos de la planta noble de Son Moix, nunca hemos sabido por qué la llaman así, y ha caído dentro del vestuario con la duda de si va a estallar o no, ni artificiero reconocido en la materia de desarmar explosivos.

La experiencia dicta que los problemas que se prolongan en el tiempo sin hallar su solución, suelen enquistarse con consecuencias imprevisibles. El mundo, por desgracia, está repleto de ellos. Claro que mucho más graves. Distraernos con estas minucias resulta pecaminoso.

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