La solución infalible

Que los resultados que se han dado en estas últimas semanas no se hubieran producido hace dos meses, por poner una fecha, lo saben hasta en Madagascar. Probablemente el Mallorca tampoco le hubiera ganado al Real Madrid, un comodín justamente conquistado que se echó a perder antes al desperdiciar un 0-2 en Pamplona en el minuto 90 y más tarde al fallar un penalti en Elche en el 92 o tirar a la basura, como dice Demichelis, el segundo tiempo en Vitoria.Sin embargo incluso ahora los rojillos dependen de si mismos.

Desde su llegada el entrenador argentino ha apelado a dos cualidades: competitividad y valentía. Esta última riñe con la inconsciencia pues es más valiente quien supera el miedo y muy cobarde aquel que presume de no sentirlo. La alineación del joven Luis Orejuela en el Coliseum Alfonso Pérez, como la de cualquier otro chaval del juvenil o del filial que, por cierto, no ha hecho más que subir desde la Regional Preferente por mucho que Luis Rubiales la rebautizara como Tercera Federación, fue someterle a un exámen sin haber empezado el curso antes que una oportunidad. Las fauces del abismo no admiten ensayos.

Calcular lo que pueda suceder en la última y penúltima citas del calendario es un pasatiempo entretenido aunque inservible. Solo hay una fórmula que garantiza el objetivo: ganar los dos partidos. Ignoro si Mr. Kohlberg pensó en Getafe el pasado miércoles algo semejante a lo que motivó su monumental enfado después del partido contra el Celta en Vigo. No hubo grandes diferencias. Tamposo sabremos si las instrucciones de no premiar la permanencia en la negociación de las primas con los capitanes del equipo salieron de su puño y letra o una genial iniciativa del CEO, Alfonso Díaz, orgulloso de su gestión. .

«Todo se decide en las últimas diez jornadas», afirmaba Luis Aragonés. El dato de lo que han hecho los implicados en el descenso en las ocho primeras de la tanda indica que, descartado el Oviedo, Girona, Valencia y Mallorca, por este orden, son farolillos naranja. El galimatías no es capaz de resolverlo ni la Inteligencia Artificial, inútil para predecir el futuro, pero la solución particular es fácil: tres puntos en el Ciudad de Valencia y otros tantos en Son Moix son la solución. La única, la infalible.