Largo y profundo sueño
En una comida entre amigos antes del verano alguien preguntó por la afición del Atlético Baleares. Uno de los comensales, balearico de toda la vida, respondió:
– Hay mucha, pero está dormida.
– Pues tiene mucho sueño, zanjé yo en tono cáustico
Es pronto para aventurar el futuro con apenas cinco jornadas de liga disputadas, pero las señales que desprende el club, síntomas del equipo aparte, permiten soslayar la casualidad.
Hemos entendido que la intención inicial de Ingo Volckmann al adquirir las acciones de la SAD fue la de acceder al fútbol profesional tal y como lo ha logrado el nuevo U.D. Ibiza de Amadeo Salvo, pero intentar este salto sin adecuar las estructuras a tal propósito carece de sentido. Y esto no consiste en rehabilitar un campo de fútbol, de estadio no tiene nada, ni poner sobre la mesa un determinado dinero que los hechos demuestran haber malgastado.
Empezó la casa por el tejado. El fundamento de cualquier club es ni más ni menos que una buena plantilla, un cuadro técnico trabajador y de confianza y una dirección deportiva astuta, hábil, avezada y competente, a distancia de intermediarios sin escrúpulos, agentes de poca monta y advenedizos en busca de comisiones. Evidentemente nada de lo contratado.
El vaivén de técnicos ha sido constante, los trasvases de despachos ajenos, permanente, el plantel revuelto año tras año y si segundas partes nunca fueron buenas, el trilerismo bajo cuyos cubiletes aparecía Jordi Roger ha rozado el esperpento. Así que este despertador necesita pilas o ser sustituido por uno nuevo porque, aun en caso de que suene si es que lo hace, no lo oirá absolutamente nadie.

