Los tres pies del gato
Las parroquias están irritables, pero no hay que sacar las puertas de sus quicios. Me parece absolutamente normal que Neymar no sepa quién es Raillo. Lo mismo que en el vestuario del Mallorca no creo que nadie sepa quien es Saint-Luce, un defensa del Montpellier, procedente del Nimes. Quien diga que le conoce que levante la mano si se quiere salvar.
Tampoco vamos a condenar al central del Mallorca por decir, en DM en primer lugar, lo que piensa. No comparto su expresión de lamento por el «¡mamá pupa!» de los insultos de Vinicius, porque cualquier futbolista profesional sabe perfectamente lo que sale por esas bocas en la disputa de una carrera o de un balón. Seamos sinceros, pero serios. Javier Aguirre ya dio la respuesta. Sin embargo tiene toda la razón al advertir que el joven jugador del Real Madrid usa la lacra del racismo para hacerse la víctima. Y no lo es, ni mucho menos, escriban lo que escriban y digan lo que digan determinados medios de comunicación o informadores.
No redacto un texto salomónico a modo de sentencia, no soy quien para pronunciarlas. Solo trato de llamar a la cordura. Bastante tensión hay ya en demasiadas esferas y la sociedad, crispada, se enfrenta a problemas más profundos que la discusión entre trabajadores del mismo gremio, el del balón, que no conduce a nada más que a arrimar al ascua la sardina más conveniente para cada litigante y sus respectivos corifeos. Y no ofende quien quiere, sino quien puede.


