Los últimos reyes
El periodista deportivo Lorenzo Ripoll (Palma 1934-2010) escribió «Un mallorquín polivalente» un libro biográfico sobre la figura de Pep Buades Costa, el último de los promotores de los grandes «Ciudad de Palma» y vicepresidente del Real Mallorca a cuyos gestores ayudó para convencer a Miquel Contestí de que se hiciera cargo del club al borde de la ruina y el abismo deportivo allá por el año 1978.
Buades era el propietario de «Buades Electricista», una cadena de tiendas de electrodomésticos que llegó a contar con cuatro establecimientos en el ensanche y centro de Palma y desde la que patrocinó al primer equipo de fútbol sala profesional, o casi, que hubo en la Isla y en el que, por cierto, jugaba un joven Mateu Alemany. Efectivamente fue un comerciante líder en la venta de neveras, lavadoras, lavavajillas y secadoras, sin rival debido a las grandes compras que hacía, redundantes en precios más bajos que sus competidores. De ahí que fuera apodado como «el rey de la gama blanca». Recorría la ciudad a pie para acudir a los bancos o llevar personalmente sus textos publicitarios a emisoras y periódicos e incluso cuando acudía a Son Moix a las reuniones de la Agrupación de Alfonsinos integrada por antiguos jugadores y seguidores del Mallorca que sigue vigente. Falleció en marzo del 2018 a los 86 años, algunos después de haber vendido el negocio y sus locales, pero sin dejar su actividad ni un solo día.
Tenía competencia, por supuesto del lado del Atlético Baleares. En torno a los años 70, Jerónimo Petro, presidente del Atlético Baleares, era el «rey de la gama marrón», igualmente con cuatro comercios cara al público, y cabeza de serie en la venta de televisores, vídeos y cadenas de música. Ambos, Buades y él, se repartían el éxito de un sector en el que todavía no habían entrado a saco las grandes superficies o multinacionales. Que uno fuera mallorquinista y otro balearico puede que fuera solo una casualidad. O no. Jeroni fue más tarde presidente de la Junta Pro Campo del Estadio Balear, gran aficionado a recorrer kilómetros en bicicleta, no era difícil encontrarse con él en la pescadería del Mercat de l’Olivar o de tertulia en el local de venta de coches de segunda mano, 500 millas, propiedad de Tolo Salom, un exfutbolista que militó en ambos clubs, si bien con el Mallorca llegó a jugar muy poco o nada.
Fuera cual fuere el carácter y la personalidad de ambos personajes, el segundo aun vive según creo, ambos resultaron vitales, sino imprescindibles, en circunstancias concretas de ambos clubs que, siendo rivales, emprendieron caminos paralelos claramente divergentes.