Mascarell y su por qué
Miren, ya no se trata de un mayor o menor acierto en los fichajes, el hecho de haber conseguido colocar a un defensa tan mediocre como Copete sería un tanto a favor del director de fútbol del Mallorca, Pablo Ortells, cuya pésima gestión no solamente se debe a las limitaciones impuestas por la propiedad y la estricta vigilancia del CEO, Alfonso Díaz, cuyo mejor servicio al club fue propiciar la salida de Maheta Molango.
El caso Mascarell revela la desidia, la dejadez o el desahogo con el que se trabaja en la secretaría técnica del club. No diremos que no haya que valorar en su justa medida la renovación o no de un futbolista de 33 años que es titular desde unas pocas jornadas y tal vez porque carece de competencia en su puesto. Sin embargo todo el mundo sabe que aquellos jugadores que terminan sus contratos el 30 de junio pueden negociar libremente su futuro cómo y con quién quieran a partir del 1 de enero, lo cual implica que alguien con un mínimo de diligencia, virtud ajena al responsable de la parcela deportiva en Son Moix, alcanzaría un acuerdo previo sin menoscabo de tomar una decisión posterior más firme y de cualquier signo. Otros lo han hecho en el pasado. Pregunten a Marcelino Elena y Mateu Alemany por si albergan duda alguna.
El químico que aprendió el oficio, es un decir, en el Villarreal, presente lunares importantes al frente de la dirección deportiva del Mallorca hasta donde le dejan, por supuesto. El traspaso de Kang in Lee lo hubiera hecho cualquiera,l lo mismo que el fichaje de Sergi Darder. Ya lo de Larin o Van der Heyden, entre otras operaciones, son de otro cantar. Pero lo que retrata la impericia del personaje es la despedida de Ruiz de Galarreta, básico hoy para Ernesto Valverde en el, como lo fue en Palma. La realidad del regreso a su tierra es que la propuesta que se le planteó para quedarse fue de una sola temporada y a tanto por partido jugado. Yo me hubiera ido pegando un portazo y no con la discreción de aquel magnífico medio que siempre estuvo agradecido al club que le había repescado de Las Palmas aunque, claro, Ortells ya se lo encontró.
Un viejo amigo cuya identidad no viene el caso, suele decirme de que en esta vida cada cosa y cada caso tienen su por qué. No me cabe la menor duda. Con el Mallorca salimos a un por qué casi a diario.

