Merengue «souflée»

A quienes nos gusta el fútbol y desde que la ley nos concede el uso de razón, aunque hay adultos que no la utilizan para nada, hemos visto y probado que la mayor parte de errores humanos cometidos por los árbitros favorecían al Real Madrid y/o al Barça. Dentro de 3 años, en 2028, la liga celebrará su centenario sin que esto haya cambiado; que la queja permanente surja invariable y precisamente de estos dos clubs es, como mínimo, un insulto al resto de competidores, especialmente los modestos.

No barreremos tampoco la suciedad oculta bajo las alfombras que ha permitido y permite el regateo de las reglas que obligan a todos, desde la reconversión en sociedades anónimas deportivas a las palancas, ingenieria financiera e instrumentación jurídica que les han favorecido en cuanta normativa sea de aplicación en cada terreno deportivo, social o reglamentario. Cuando el propio presidente de la Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, recordó, recién elegido, que «hay que proteger al Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona porque son la marca España», no faltaba nada que añadir a pesar de que la patente no se manifiesta en la composición de la multinacional plantilla merengue, ni a los nacionalistas más recalcitrantes o independentistas radicales les debe parecer graciosa la identificación.

Por contradictorio que parezca el madridista más acérrimo, Florentino Pérez, ha sugerido la solución al amagar con retirar a su equipo de la final de la Copa del Rey porque toda esta lamentable comedia se habría terminado hace mucho tiempo si los 40 equipos de la Liga de Fútbol Profesional ajenos a este dúo ventajista se hubieran plantado ante una discriminación evidente que sufren no solo dentro del terreno de juego, sino ante las mismísimas instituciones bajo el paraguas del Consejo Superior de Deportes. «Pit i collons «para Laporta, cara y narices más bien.

Pero incluso en eso se da una clara complicidad: la de medios de comunicación, políticos, deportistas en general, aficionados en general, socios y más de un famoso, desde Butragueño a Rafa Nadal,  que no defienden el matonismo imperante, pero lo amparan bajo un silencio atronador.

Tuve como comentarista a Paco Bonet en un encuentro de Copa que disputaba el Mallorca en el Santiago Bernabéu. Fuera de micro le pregunté:

–  ¿Cuál es la diferencia más grande que has encontrado de jugar en el Mallorca a hacerlo en el Madrid?

– Que en el Madrid no me pitaban en contra las faltas que si me sancionaban en el Mallorca.

Testigo, Javier Oleaga, cenando los tres en el Bob’s de Madrid, frente al Hotel Eurobuilding.