Nada más que la verdad, pero no toda
En el mes de mayo del 2010 Mateu Alemany, consejero delegado del Mallorca, presentó solicitud de concurso de acreedores tras declaración de insolvencia formulada cuatro meses antes. Al ser aceptado dicha petición, que años después se declararía culpable, el Villarreal, que había quedado por detrás del conjunto balear en la clasificación que daba derecho a participar en la actual Europa League, solicitó ocupar su plaza en base a una norma de la UEFA que impedía participar a los clubs en concurso. En el mes de julio, el máximo organismo del fútbol europeo sentenció a favor de la reclamación efectuada. Los argumentos defendidos por los baleares fueron desechados y pese a las protestas y sendas marchas de aficionados contra la Federación Balear presidida por Miquel Bestard y la Española a las órdenes de Angel María Villar, el «submarino amarillo» entró en el sorteo de la competición continental.
Serra Ferrer había adquirido el paquete accionarial de Alemany el 28 de junio siguiente, con el concurso ya en marcha y solo unos dias antes del fallo de los comités internacionales.
Un año y medio después, en diciembre del 2011, Rafael y Miguel Angel Nadal, que había suscrito cada uno un 5 por ciento del capital social del Real Mallorca SAD, vendieron sus títulos al alemán Utz Claassen con una considerable plusvalía. Nadie abrió la boca entonces para tildar de anti mallorquinista al tenista y a su tío. Nadie se acordaba ya de Alemany. El muñeco sobre el que lanzar piedras ya había sido elegido: el técnico de Sa Pobla. Gerard Moreno, con 22 años, fue cedido desde El Madrigal a Son Moix en la temporada 2012-13. ¡Chitón!
Hoy, diez años después, el Villarreal -por otra parte un club modélico con una propiedad local, que mantiene en alza la industria de la ciudad y al equipo, el único verdaderamente enraizado en el sentimiento de su gente, sin la menor participación ajena- se ha proclamado campeón y Rafael Nadal le ha felicitado en las redes sociales. De ello se han hecho eco algunos medios de comunicación y la indignación es casi viral.
Afear la venta de acciones a un socio alemán, cuya trayectoria no hace falta recordar, o si, no merecía juicios de valor. Felicitar a un equipo español por ganar el segundo campeonato más importante de Europa, si. Las comparaciones son odiosas, si. La mezquindad, aun más. Y la hipocresía campa a sus anchas.
