No es momento para homenajes

Resulta paradójico que este país tan dado a los homenajes se rinda culto a los que se han ido para consolar a quienes se quedan. El muerto, como se atribuye al eminente premio Nobel de la ciencia Albert Einstein, no se entera del reconocimiento, ni siquiera de que ha muerto; lo mismo, añade la cita, le ocurre al imbécil. Cada cosa a su tiempo.

En el mundo del fútbol las quinielas hay que hacerlas antes de los partidos, pero las fiestas es mejor dejarlas para circunstancias más definitivas que las que vive a día de hoy el Mallorca o, a mayores, al final de la temporada. Un club profesional regido por neófitos, nada mal pagados por cierto.

Sorprende que un entrenador como Martín Demichelis que no ha dejado de pisar tierra desde que ha llegado, vea con buenos ojos la que se ha liado a destiempo en torno a los 55 goles de Muriqi desde que juega en este equipo. La permanencia en Primera, único objetivo posible, no se asegura ganando al Real Madrid, al Rayo Vallecano y ni siquiera si se gana al Valencia el martes próximo en horario laboral, siete de la tarde. En esta tesitura someter a uno de loa activos más importantes de la plantilla a un aluvión de festejos, firmas, vídeos, con Etoo o sin él, entrevistas y cantos de sirenas con la cola de color blaugrana, solamente sirve para dejar de estar en lo que hay que estar, descentrar al protagonista y a sus propios compañeros.

En mitad del temporal y lejos de la costa, todos los remeros son imprescindibles y ni uno se puede ni debe permitir empujar el remo pensando en algo diferente. Probablemente el kosovar maneja la situación con calma y sentido común, pero no está de más recordar que quien evita la ocasión, evita el pecado. No repitamos el lamentable espectáculo de las caretas de Abdón, con parches o sombreros de pirata repartidos por la grada. El reparto del botín, el ron y la caña,  a finales de mayo.