No ofende quien quiere
Al parecer hay mucho periodista ofendido porque Luis Enrique asegura que no les lee, escucha o ve porque él sabe más de fútbol que todos ellos. En fin, yo no me ofendo porque el seleccionador no tenga ni idea de periodismo pero esa no es la cuestión. Tampoco me molesta que no me lea. Estoy seguro de que no lo hace, aunque me pregunto cómo es capaz de descubrir si sé o no de fútbol si no me lee.
He llegado a la conclusión de que el míster de la Selección se lo lee todo aunque diga lo contrario y por esto se cabrea. Normal. Yo también. Porque en mi profesión hay mucho intruso sin crédito ni oficio, beneficio si, igual que en política, enseñanza, religión, medicina, derecho y una manzana podrida dentro de un cesto causa el rechazo de las que están sanas. Y el fútbol, se me olvidaba, no es la excepción. ¿Acaso no hay directivos que engañan, técnicos que pillan, jugadores que se venden, árbitros deshonestos, etc, etc?. Pues también, claro.
En cierta ocasión y para someterme a prueba Amador Cortés, antiguo jugador del Mallorca entre otros equipos, me preguntó qué era lo primero que yo miraba al pitar el árbitro el comienzo del partido. Yo sabía que él esperaba que dijera que la posición de los jugadores, pero respondí: «mi cronómetro para llevar el tiempo de juego». Y era verdad ya que entonces no había televisión para consultar la mosca horaria. Se echó a reir y me sirvió la cena, unas almejas a la marinera exquisitas creo recordar.
Es el público quien determina a qué periodistas creer y a cuáles no, aquellos que no saben pero merecen confianza y los que no acreditan ni una cosa ni la otra. Igual que son los resultados los que inclinan a los espectadores a sentenciar a un futbolista o varios, a un entrenador o un presidente. Yo no me ofendo, querido Luis Enrique, ni usted me conoce ni yo a usted pero como me dijo en cierta ocasión José Francisco Conrado de Villalonga, quienes me conocen saben quien soy y a quienes no me conocen les da lo mismo.
