Predicar sin el ejemplo
La reflexión no es mía, aunque la comparto, y tampoco sé ya la he usado en alguna otra ocasión, pero no dejo de recordarla por algún motivo u otro: «cuando antepones la ideología a las ideas, ya estás perdido».
Hoy se me ha ocurrido al pensar sobre la reforma del colectivo arbitral que pretende llevar a cabo el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, que enlaza con la impresentable campaña desatada por el Real Madrid donde nada se hace sin la bendición o la orden de Florentino Pérez. Y me temo que la revolución terminará como casi todas ellas, es decir sin que en el fondo nada cambie. La sanción impuesta a los expulsados merengues por los incidentes en la final de la Copa del Rey ya nos da la primera pista.
El sueño de los reyezuelos que gobiernan en el Bernabéu y pronto en el Nou Camp es captar adeptos, no aficionados. El trasfondo del aletargado «caso Negreira» y el acoso a la clase arbitral impulsado por Real Madrid TV y asumida por Ancelotti, Vinicius, Mabeppe y la mayoría de sus compañeros, no son mejores que aquel famoso «al enemigo, ni agua», que gritó Bilardo para que sus cuidadores no atendieran a un lesionado del equipo rival. En definitiva seguir a unos o a los otros se convierte, más que en una empatía, sentimiento o simpatía por un escudo, una camiseta o estilo de juego, en la suscripción ciega a una ideología cuya doctrina les promete un paraíso inaccesible al resto de competidores.
Entonces, hoy no seguimos con el problema arbitral. Mañana.


