¿Què hem de fer Burgos?

Una es personal y la otra no la leerán en ninguna de las historias publicadas del Mallorca a propósito del sorteo de dieciseisavos de final de la Copa del Rey que le ha emparejado con el Burgos.

Allí, en El Plantío, debuté como narrador de partidos de fútbol en Radio Juventud. Había enfermado mi compañero Pepe Ramos, q.e.p.d, algún comercio o empresa patrocinaba las transmisiones, así que el director me encomendó sustituirle. Viajé en un antiguo DC6 de Spantax acompañado de don Carlos Caubet González, en un vuelo chárter que nos dejaba en Villanubla, el aeropuerto militar de Valladolid, cuya pista de aterrizaje aun era de tierra batida. Era la temporada 1970-71, Guillermo Ginard presidía el club en cuya plantilla estaban Alarcia, el portero, Mariano, Bernat Sans, Benegas, cedido por el Atlético de Madrid, Pocholo, Pereda y el legendario Ernesto Domínguez, que abandonaría el club al terminar la liga. El trayecto entre la capital del Pisuerga y nuestro destino lo hicimos en el coche alquilado por don Juan Dols, gerente de Cafeterías Llofriu, (así se viajaba entonces) que iba a visitar a una antigua novia. Caubet y Dols se fueron de compras y encontraron una botella de Vega Sicilia por 1000 pesetas, un regalo, mientras yo cerré la noche del sábado en el despacho del director del Diario de Burgos junto con Miguel Vidal «Rat» y Lamberto Cortés «Avespa» que me triplicaban la edad. Creo que el partido acabó con empate a uno, un resultado que le permitía al Mallorca ascender en caso de ganar al Betis a la jornada siguiente en Palma. Pero los verdiblancos se llevaron los puntos y no pudo ser.

Damos un salto en el tiempo. En junio del 88, Enrique Magdaleno abandonó las filas mallorquinistas, donde había llegado en el verano de 1985, para recalar precisamente en las del Burgos. El calendario propició que en las últimas jornadas los castellanos se enfrentaban a casi todos los rivales del Mallorca que pugnaba por el ascenso. El admirado presidente Miquel Contestí, a través del delantero, quiso ofrecer algún aliciente para que ganaran en los partidos que faltaban, pero la respuesta se hacía esperar. Ya al borde de la desesperación Contestí pasó el encargo:

– No podem esperar més. Hem de saber què hem de fer. Trocau el club.

– Si, pero ¿per qui preguntem?

– ¡I jo qué es!. Trocau i digau: ¿què hem de fer Burgos?

Desconozco el final de la historia, pero los castellanos no perdieron más encuentros, se jugaban el descenso y el Mallorca acabó cuarto y ascendió tras derrotar al Espanyo en la promoción.