Sin exigencia propia ni externa
Uno de los problemas del Mallorca que afecta tanto al club como al equipo o equipos, es la total falta de exigencia. Iba a decir su bajo nivel, pero se revela en una escala que empieza en lo más alto desde la parcela social y económica hasta la deportiva y continúa en el primer equipo, cuadro técnico incluído, alcanza al fútbol formativo y se enquista en la propia afición y la mayoría de los medios de comunicación.
Los más altos ejecutivos no se atreven a contradecir al presidente en la misma medida que sus subordinados acatan órdenes sin ponerlas en cuestión o aconsejar contrariamente a decisiones perjudiciales. El cuerpo técnico, en plural y no solo el actual, no reclama a la dirección deportiva y, debido a ello, carece de influencia y autoridad para imponer su disciplina en el vestuario, relajación que se contagia escalón bajo escalón como se ha venido demostrando en los filiales que pagaron con un descenso a Regional (ahora Tercera RFEF) y cuyo regreso a tercera división (ahora Segunda RFEF) se ha cobrado la continuidad de Gustavo Siviero consciente del modo en que funciona todo en Son Bibiloni y Son Moix. Esta cadena fatal cierra su círculo en la sumisión de las peñas, salvo contadas excepciones, una información deportiva alejada de la crítica y una afición que otorga a través de su prolongado silencio.
Ya hemos expuesto ejemplos de todo ello parcela a parcela, pero les voy a contar otro más, el penúltimo o antepenúltimo. No he conocido ningún club donde se dé menos importancia a las pretemporadas, que son la base sobre la que se construye la competición no solo en cuanto a preparación física, sino en conceptos básicos, idea de juego, convivencia, jerarquía, orden y rigor.
No es que la preparación se efectué sin la totalidad de la plantilla, sino que demarcaciones fundamentales no se cubren hasta incluso después de haber comenzado la liga. En estos momentos sin conocer el destino de varios futbolistas importantes capaces de alterar cualquier plan de futuro y sin tiempo para ocupar los puestos que dejarán vacíos. Una semanita en Marbella, que aparte de competidor turístico de Mallorca no es el lugar más fresco del mundo, para dos partidillos ante un equipo árabe y su filial, más otros tres en Palma ante el Mallorca B, un apaño del PSG y el Elversberg, que acaba de ascender a la Bundesliga. ¡Cinco partidos en un mes y medio!. Para que tengan ustedes una referencia comparativa, el Ajax de Johan Cruyff jugaba uno cada día desde el inicio al final de su pretemporada.
A día de hoy Pablito Ortells todavía anda buscando un portero, otro delantero centro, un medio por no entrar a valorar los cuatro ¿refuerzos? ni aclarar lo que puede pasar con Raíllo, Pablo Torre, Samu, Jan Virgili o cualquier otro que sea objeto de transacción. ¡Todo por la pasta! se titulaba aquella película de Tom Cruise.
Falta menos de un mes, 28 días, para la primera jornada de una liga con un único final posible: ascenso o caos.

