Solo crece la hierba

Llámenme enfermo, pero he visto el ¿derby? Mallorca B-Atlétic Balears en streaming a través de You Tube. Descafeinado no, lo siguiente. En Son Bibiloni me temo que lo único que crece y se cuida es el césped.

El empeño de los blanquiazules en disputar el play off para regresar a Segunda B, perdonen que no use la jerga de la Federación Española para llamar a las categorías como les dé la gana en lugar de lo que son, unido a las dos recientes victorias de los chicos de Gustavo Siviero, gran defensa central y mejor persona, me hizo caer en la trampa de que la tontería iba a merecer la pena.

Aunque pueden pensar que además de indispuesto tampoco estoy en mis cabales porque confieso que no es la primera vez que veo, siempre por la tele, al filial mallorquinista, lo cual me ha servido para corroborar que la sección de fútbol formativo y su gestión, son un desastre y que las reiteradas declaraciones del presidente Kohlberg y el CEO Díaz al referirse, siempre en segundo plano, a la cantera se las escriben los mismos periodistas que les entrevistan: los que tienen en nómina.

En ningún instante de la competición de este tercera división, cuarta en términos aritméticos, me ha sorprendido la tétrica clasificación obtenida en consonancia al no menos patético juego que practican los chavales. A ver no quiero insinuar siquiera que sean mejores o peores, eso va a gusto de cada cual, pero lo grave es que ni corren, ni luchan, ni se comen el campo, como exigirían tanto su edad como sus aspiraciones, ni respiran el menor espíritu competitivo. No les motiva ni jugar contra el Baleares que, dada su superioridad aun sin tirar cohetes, tampoco necesitan rodar al cien por cien.

Lo más extraño de todo esto es que el único que no habla nunca de lo que ocurre en la Ciudad Deportiva es Pablo Ortells que, en su condición de director de fútbol, es el máximo responsable del nivel de los que se quedan y del éxodo de los que se van.