«Spain is diferent»
La manipulación de la liga española, titulada bajo la denominación del patrocinador de turno, es tan evidente como intemporal. No se sabe cúando empezó ni se vislumbra su final. La solicitud de disputar en Miami el partido Villarreal-Barça es el menor de sus problemas, una ocurrencia ajena a planteamientos mercantilistas implanteables en las otras tres grandes ligas europeas: la Premier, la Bundesliga y la Serie A del Calcio italiano.
La adulteración nace del propio mercado al acceder a los intereses de los agentes por encima de los clubs con menor potencial económico y prolongar el plazo de fichajes más allá de la tercera jornada del calendario cuando la lógica más elemental implica cerrarlo antes de que se levante el telón del campeonato. La posibilidad de que un futbolista debute con un equipo y a la jornada siguiente se enfrente al mismo, resultan en si misma un semáforo en verde para la corruptela. Una historia que se repite en enero al anularse la antigua norma que imposibilitaba el traspaso de cualquier futbolista que ya hubiera disputado cinco partidos con su anterior club en la misma categoría.
El manejo del calendario para que los «derbis» caigan en un momento u otro, siempre a favor de los grandes, solo es la plataforma en la que la designación de días y horarios de cada jornada incide de manera directa en perjuicio de los condenados a jugar los lunes, una de las luchas que perdió Rubiales y que, con la presencia de Javier Tebas, presidente de la LFP en le directiva de la RFEF se da por concluida sin opción de recurso, beneficia claramente a unos competidores sobre los otros tanto deportiva como económicamente y supone un desprecio al aficionado y su rendición ante el reinado, siempre el dinero por delante, de la televisión.
La designación de los árbitros en sustitución del sorteo puro, abona igualmente el mangoneo. Basta elaborar un listado de aquellos que pitan al Real Madrid y el Barça dentro y fuera de sus correspondientes feudos en comparación al resto. La decisión de no publicar dichas nominaciones hasta un día antes de cada encuentro no es más que una pantomima para mantener permanentemente engañado a un público tan necesitado de ilusión que traga con lo que le echen.
Al presidente Louzán se le abrieron los ojos como chiribitas antes de liquidar la Supercopa de Arabia, no hace falta explicar la razón. Ahora, al servicio de Florentino Pérez y Jan Laporta con el mayor gusto, lanza la pelota del choque de 17ª jornada a la FIFA y la UEFA, sin abrir siquiera consulta a quienes, por poco que pinten, siguen siendo los principales clientes del negocio: la afición. Inglaterra y Alemania ya dijeron hace años que jamás sacarían de su territorio un partido oficial de liga. Italia no ha necesitado ni abrir la boca. Será verdad que «Spain is diferent», pero no precisamente para bien. Al menos en el fútbol.
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